Detener la feminización de la pobreza - Margarita Cedeño
  • El fortalecimiento de la capacidad económica de la mujer, su acceso a las redes de comercio y a los recursos técnicos y financieros necesarios para su desarrollo, son líneas de acción esenciales en todos los planes de combate a la desigualdad de género.
  • La brecha de género de la agricultura se refleja en el acceso a los recursos tecnológicos, fertilizantes y equipamiento, al entrenamiento y la educación en general, y ni decir de las oportunidades para promover investigaciones u obtener becas y apoyo económico para estudios relacionados a la agricultura.
  • Gran parte de la mejoría en la seguridad alimentaria a nivel mundial, se debe al reconocimiento de la mujer como un agente esencial en la producción de alimentos.

Señoras y señores:

No podemos ignorar que el avance de la mujer en el mundo no va al ritmo que aspiramos.

Es un tema urgente que requiere de nuestro trabajo, sin importar el escenario en donde estemos.

La promesa de progreso que encierra la equidad de género sin nuestro esfuerzo y dedicación no será nunca una realidad.

¿Cuál creen es el principal impedimento para la igualdad de género?

Machismo

Son muchas las trabas que hoy impiden hacer realidad este derecho humano: la discriminación salarial, el cierre de brechas en participación política de las mujeres, la necesidad de capacitación técnico-profesional, la economía de cuidado, y el combate a las prácticas discriminatorias enquistadas en nuestras sociedades.

Debo reconocer que muchas mujeres estamos dando pasos certeros hacia el desarrollo personal pero,  por cada mujer que logra ocupar un espacio en la sociedad, hay miles más que están esperando una oportunidad.

La desigualdad social crece exponencialmente cuando se trata de la mujer, cuando a la exclusión por género se le agregan condiciones geográficas, de edad, raza, clase, nacionalidad y hasta estatus civil.

La desigualdad social crece exponencialmente cuando se trata de la mujer, un ejemplo de ello es la feminización de la pobreza.

El 70% de las personas que viven en pobreza en América Latina y El Caribe son mujeres. En su mayoría madres solteras.

A esto se suma una larga lista de injusticias que enfrenta la mujer: las altas tasas de embarazo adolescente, la violencia sexual y psicológica, la violencia de género e intrafamiliar, la trata de personas, las restricciones económicas. Y por igual, fuertes restricciones en el mercado laboral. En el año 2000, las mujeres ocupadas en el sector formal representaban el 37%.

En el año 2000, las mujeres ocupadas en el sector formal representaban el 37%. Las tendencias indican que para el 2030 habrá aumentado a un 46%.

Esto es así, a pesar de que hoy en día somos mayoría en las escuelas y universidades, a que obtenemos mejores calificaciones en todas las áreas, a la vez que desempeñamos el importante rol del cuidado familiar.

Hay una exclusión de la mujer de los mercados laborales, y esto repercute directamente en sus familias y en comunidades enteras.

Yo estoy convencida de que allí donde hay mujeres empoderadas, las sociedades progresan.

Con el avance de la mujer, viene el progreso de su familia, de su comunidad y su país.
Si el mundo continúa a espaldas de la mujer, estaremos condenados a una eterna desigualdad social.

Amigos y amigas:

En ese contexto desfavorable para la mujer debemos invertir nuestros esfuerzos en la agricultura, para revertir esa situación.

En ese contexto desfavorable para la mujer en el mundo, un área donde debemos invertir nuestros esfuerzos para revertir esa situación, es en la agricultura, por su importancia decisiva en la generalidad de las economías no industriales y las contribuciones sustanciales a la subsistencia.

Justamente ha sido la FAO la que nos ha señalado el camino de la agricultura y su vinculación al combate a la desigualdad de género, porque son las mujeres una proporción sustancial de la fuerza de trabajo agrícola, representando dos tercios del total de la fuerza de trabajo femenina en países en desarrollo.

En el caso de América Latina y el Caribe, asistimos a un incremento constante de la participación femenina en la agricultura y un considerable aumento del número de hogares rurales encabezados por mujeres, que suelen ser la principal fuente de ingresos de sus familias y por lo general trabajan en la agricultura.

La función de estas mujeres es vital para la familia y la comunidad. Garantizan la seguridad alimentaria del hogar, obtienen ingresos, cuidan a la familia, cuidan de los recursos naturales y la biodiversidad.

Sin embargo, la participación de la mujer en el comercio agrícola sigue siendo tímida.

Es así, a pesar de que ha sido un eje esencial que se ha discutido en todas las Conferencias sobre la Mujer, desde aquella primera que se realizó en México en el 1975.

El fortalecimiento de la capacidad económica de la mujer, su acceso a las redes de comercio y a los recursos técnicos y financieros necesarios para su desarrollo, son líneas de acción esenciales en todos los planes de combate a la desigualdad de género.

Sin embargo, la realidad de la agricultura dista de este objetivo.

A pesar de que la mujer rural es hoy la espina dorsal de la agricultura, solo es dueña de un 25% de la tierra. Esto no hace sentido, y tampoco es justo, cuando el 43% de la fuerza laboral en la agricultura es femenina.

En el caso de los países en vías de desarrollo, 7 de cada 10 mujeres económicamente activas, reporta que la agricultura es su principal medio de vida. Y a la vez trabajan más horas que los hombres, en promedio, si se toman en cuenta las actividades domésticas no remuneradas.

Lo peor es que, a pesar de trabajar más, se nos paga menos, una realidad que se repite en todos los sectores de la economía.

Nuestro objetivo debe ser combatir la brecha de género de la agricultura.

¿Cómo se manifiesta esta brecha de género?

Se manifiesta en el derecho a la tierra. En muchos países la legislación y las tradiciones, impiden a la mujer ser la dueña de la tierra que trabaja. En América Latina y El Caribe, el 80% de las tierras pertenecen a los hombres.

La vemos también en el tamaño de la siembra. Si la mujer es dueña de la tierra, normalmente, su plantación es mucho más pequeña que la de los hombres.

Se refleja en el acceso a los recursos tecnológicos, fertilizantes y equipamiento, al entrenamiento y la educación en general, y ni decir de las oportunidades para promover investigaciones u obtener becas y apoyo económico para estudios relacionados a la agricultura.

Y finalmente, dos grandes brechas más: en el acceso a los créditos y en el acceso a los mercados.

No se requiere mucha explicación en estos aspectos.

Tenemos que promover en la banca, mejores condiciones para la mujer agricultora.

Recientemente participé de un evento con la Global Banking Alliance for Women, un organismo internacional que reúne a bancos que trabajan a favor de la mujer.

Ellos estarían interesados en impulsar acciones para que la mujer agricultora tenga mejores facilidades en el sector financiero.

Más dinero para la mujer es mejoría en toda la sociedad.

Por cada 10 dólares más que reciba la mujer agricultora en remuneración, el beneficio en la nutrición y salud de sus hijos equivaldría a lo que un hombre haría con 110 dólares más, porque la inversión de la mujer va siempre a su hogar.

No se trata tan solo de ver a la mujer sembrando y cosechando en una tierra que sea de su propiedad, es también un llamado a un compromiso con la inclusión de la mujer en la cadena global de producción y suministro agroalimentario, una acción que será decisiva para la seguridad alimentaria.

En los más de 20 años que tiene la Plataforma de Acción de Beijing, gran parte de la mejoría en la seguridad alimentaria a nivel mundial, se debe al reconocimiento de la mujer como un agente esencial en la producción de alimentos.

¿Qué pasaría si ponemos en manos de las mujeres las tecnologías necesarias e insumos de calidad?

Yo creo que así podríamos transformar para siempre la producción y aumentar la producción mundial entre un 20 y un 30 por ciento, suficiente para alimentar a la población que hoy día sufre de hambre y desnutrición.

¿Cuál creen es la principal fuente de ingreso de la mujer en la actualidad?

Agricultura

Intercambio de mercadería

Amigos y amigas:

Quiero agradecer la disposición con la que siempre nos recibe la FAO, su director y amigo José Graziano da Silva, el Director General Adjunto, Daniel Gustafson, y todo el equipo directivo. A todos, les agradezco el honor de mantenerme como su Embajadora Extraordinaria.

En especial, les agradezco a Ustedes, por escuchar nuestras ideas y planteamientos.

No puedo dejar de mencionar el gran trabajo de Mario Arvelo, nuestro magnífico representante ante este organismo, que siempre se mantiene como una gran bujía en el impulso de los temas que todos nosotros nos preocupan.

Quiero finalizar con algunas recomendaciones, en vista de lo que he planteado en esta mañana.

En primer término, tenemos que convertirnos en Embajadores de la equidad de género en todos los ámbitos, pero en especial en la agricultura. Es un asunto de justicia social.

Me atrevo a proponer un sello de género en la agricultura, que impulse que cooperativas y empresas privadas, sean evaluadas por una serie de indicadores que nos permitan avanzar en este tema. Creo que esto puede incluirse en una actualización del Manual sobre Género en la Agricultura, que hace unos años publicó la FAO.

En segundo lugar, pido a la FAO, que por intermedio de sus delegaciones en los distintos países, promueva aportes legislativos y normativos referentes a este tema, especialmente en las legislaciones sobre seguridad alimentaria que muchos de nuestros países ya estamos impulsando.

Además, propongo declaraciones nacionales del más alto nivel político, que generen compromisos para eliminar limitaciones para la producción, relacionadas con la tenencia y el acceso a la tierra, que como ya he dicho, perjudica más a la mujer.

Finalmente, sugiero estrechar aún más los lazos con los organismos regionales, especialmente los que trabajan temas sociales. Hace unos días estuve en Costa Rica, en un evento del Sistema de Integración Centroamericana, en especial de su Secretaría de Integración Social, donde quedó en evidencia el fuerte compromiso de los países centroamericanos con el avance de la mujer.

Creo importante impulsar en el liderazgo político de organismos como SICA, y otros alrededor del mundo, un compromiso mayor con el impulso a la mujer agricultora, una acción que estoy segura que la FAO puede acometer con éxito.

Amigos y amigas:

Para tuit La seguridad alimentaria y el bienestar de la familia son las dos motivaciones más importantes que nos impulsan a trabajar en este tema tan importante.

Cuando los recursos están a cargo de las mujeres, es más probable que se destinen a incrementar el consumo de alimentos, la protección y el bienestar general de la familia, así como a reducir la malnutrición de los niños.

Es urgente proteger el acceso y el control de las mujeres sobre la tierra y otros recursos productivos.

Poner a las mujeres en el centro de nuestras acciones en pro de la agricultura, las saca a ellas de la pobreza, y con ellas, también a sus familias.

Muchas gracias. ¡Qué Dios les bendiga!

Margarita Cedeño

Margarita Cedeño

Margarita Cedeño fue la primera mujer del Partido de la Liberación Dominicana que ostentó el cargo de Vicepresidenta de la República Dominicana. Entre sus logros, destaca su aporte y compromiso con las políticas sociales. Lideró el Gabinete de Coordinación de Políticas Sociales de la República Dominicana e impulsó una eficiente estrategia de salida de la pobreza conocida como Progresando con Solidaridad.