Los CTC y la economía digital en la revolución 4.0 - Margarita Cedeño
  • República Digital promete, y así lo cumplirá, preparar a los dominicanos, especialmente a los más jóvenes, dotándoles de las capacidades necesarias para enfrentar el mundo tan competitivo en que vivimos.
  • Tengamos la firme voluntad de seguir poniendo a disposición de la ciudadanía, información pertinente para generar crecimiento económico, desarrollo social y sostenibilidad ambiental para que haya más seguridad ciudadana, para generar la participación proactiva de la ciudadanía en los asuntos públicos y para construir mejores y más incluyentes políticas públicas.
  • Desde hace años he mantenido un compromiso con la creación de una cultura digital inclusiva en la República Dominicana, que permita el desarrollo de una economía digital y la promoción de ciudadanos digitales para el mundo.

Amigos y amigas:

Vivimos en una época dominada por la jerga tecnológica.

Ya no hay conversación donde no se mencione a Twitter, a Snapchat, Whatsapp, Instagram o Facebook.

No hay día que no esté lleno de ‘mentions’, ‘hashtag’, de los ‘replies’, de los ‘memes’ y de los ‘likes’.

Google se ha convertido en nuestra principal fuente de conocimiento; Netflix y Youtube han sustituido a la televisión tradicional como fuente principal de nuestro entretenimiento.

El lenguaje que tenemos en común es el de la tecnología.

Y si nos ha impactado a nosotros, que somos los inmigrantes digitales, no hay dudas de que es decisivo en la vida presente y en el futuro de ustedes, los nativos digitales.

El hecho de vivir en un mundo conectado tiene grandes ventajas.

El conocimiento ya no es de unos pocos, sino que es accesible cada vez más, a más personas.

Esto es un cambio trascendental para la humanidad.

Las grandes revoluciones que registra la historia no habían versado nunca sobre la transmisión masiva del conocimiento, porque siempre se ha pensado que el conocimiento es poder, y por tanto, debía pertenecer a unos pocos, que constituían la clase gobernante.

Hoy en día, lo que está propiciando el Internet, el acceso sin restricciones a conocimiento de todo tipo, ha generado y continuará produciendo importantes consecuencias económicas, políticas y sociales a nivel mundial.

De nuestras capacidades depende si estos cambios serán positivos o negativos, si generaremos mayor desigualdad social o si, por el contrario, de una vez y por todas, construiremos una casa común que beneficie a todos por igual.

Con tanta información disponible en la palma de sus manos, es fácil dispersarse, e ignorar la gran tarea que es poner tanto conocimiento y tanta tecnología, al servicio del progreso económico y la inclusión social; en sus hogares, en sus comunidades y en su país.

Por nuestra parte, estamos haciendo nuestro trabajo para lograrlo.

La República Dominicana está envuelta en la más ambiciosa estrategia de promoción de la economía digital que hayamos experimentado.

República Digital promete, y así lo cumplirá, preparar a los dominicanos, especialmente a los más jóvenes, dotándoles de las capacidades necesarias para enfrentar el mundo tan competitivo en que vivimos.

Pero debo advertirles algo: corremos el riesgo de generar un progreso económico a partir de la inclusión digital, que sea excluyente, que deje fuera a los más vulnerables y que, en lugar de generar mayor igualdad, por el contrario, profundice las brechas que enfrentamos.

No hay dudas de que la República Dominicana tiene la obligación de posicionarse para ser parte del progreso económico del siglo XXI, que estará totalmente vinculado a la tecnología.

Pero tiene que hacerlo con un alto sentido de la igualdad social.

La agenda en materia digital de la República Dominicana es amplia, lo que significa que para todos ustedes hay mucho trabajo por hacer.

Brevemente les puedo esbozar algunos de esos retos:

El primero es más que evidente: el cierre de la brecha digital, que es una fuente de desigualdad social inaceptable.

Debemos profundizar nuestros esfuerzos para que quienes habitan en Río Limpio de Elías Piña, o en El Valle de Hato Mayor, o en Villa Los Almácigos de Santiago Rodríguez, o en Dajabón, aprovechen las ventajas de las TIC.

Nuestro segundo reto es formar ciudadanía digital. Una de las causas en los retrasos en la adopción de las TIC son las escasas habilidades en una parte de la población para hacer un uso efectivo de estas tecnologías.

Desde los Centros Tecnológicos Comunitarios trabajamos para formar ciudadanía digital, la cual, además será certificada a nivel internacional.

Si cerramos la brecha digital es porque queremos ciudadanos digitales, capaces de usar las tecnologías de forma responsable y productiva.

Luego nos toca construir un Gobierno electrónico eficiente.

La ciudadanía requiere de facilidades para ejercer sus derechos, ya sea obtener un documento o registrar una empresa. Esto es determinante para el futuro económico de la nación.

Trabajemos el Gobierno Electrónico como la vía para un mejor Estado, más eficiente y más cercano a la gente, que facilite al ciudadano el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes.

En adición, debemos avanzar hacia un Gobierno abierto, hacia el ‘big data’.

Tengamos la firme voluntad de seguir poniendo a disposición de la ciudadanía, información pertinente para generar crecimiento económico, desarrollo social y sostenibilidad ambiental para que haya más seguridad ciudadana, para generar la participación proactiva de la ciudadanía en los asuntos públicos y para construir mejores y más incluyentes políticas públicas.

Por igual, vamos a impulsar la economía digital como motor de progreso.

Construyamos la industria tecnológica de la República Dominicana.

Que de nuestra tierra salgan las ‘apps’ para los productos de Microsoft, iOS y Android, que aquí demos respuesta a los requerimientos de otros países, de manera que nos integremos en un mercado que cada año genera 8 billones de dólares.

Vamos a aprovechar la tecnología para generar cambio social.

Con la tecnología podemos llevar una mejor educación, transformando la forma en la que nuestros niños reciben la docencia.

Es el objetivo que se ha trazado República Digital.

Estoy convencida de que en materia de educación no pueden existir brechas. Todos deben tener las mismas oportunidades y el acceso a las mismas herramientas, para que puedan competir en igualdad en el mundo en que vivimos.

En esta era de Google y tablets, el profesor ya no lo sabe todo y hablar de pizarra y de tiza es lo mismo que hablar de internet dial-up.

El docente es un guía del estudiante hacia el conocimiento, el pensamiento crítico y el aprendizaje continuo.

Lo mismo sucede en el área de la salud, donde hemos visto los grandes cambios que ha producido la tecnología.

Hace poco leía sobre médicos que utilizan la tecnología Kinect de Xbox para terapias físicas; para conectar a los pacientes con enfermeras virtuales y facilitar la comunicación a quienes no pueden ver o no pueden escuchar.

De la misma manera, hay otros campos que podemos transformar, por ejemplo el uso de tele-medidores para el servicio eléctrico, o diseñar aplicaciones para que nuestras ciudades sean más accesibles y seguras, en fin.

Finalmente, un último reto: potenciar el emprendedurismo digital y la innovación empresarial.

Lo digital domina las nuevas formas de emprendimiento en el siglo XXI.

La innovación en tecnología es lo que está moviendo al mundo.

La conferencia que realiza Apple para lanzar sus productos concita más atención que cualquier otro acontecimiento mundial.

La productividad y competitividad de las empresas depende cada vez más de la integración de las tecnologías.

Debemos fomentar la mentalidad del emprendimiento digital, desde la educación inicial misma, para lograr más y mejores técnicos y profesionales en esa área.

Amigos y amigas:

Estos objetivos tan ambiciosos, presentan a la vez grandes desafíos. Los Centros Tecnológicos han sido el espacio idóneo para abordar estos grandes retos.

Somos conscientes de que persisten carencias en la infraestructura tecnológica, en el marco legal, en los recursos humanos, en el acceso a equipamiento y en la inversión en investigación y desarrollo.

Pero también tenemos consciencia de los desafíos que la tecnología trae consigo, en términos de las limitaciones a la libertad personal, los riesgos a la seguridad, la necesidad de proteger la información ante desastres naturales, los crímenes cibernéticos, en fin, un gran número de situaciones que requieren de nosotros construir la capacidad para enfrentarlas.

Una gran paradoja de la humanidad es que lo que construimos para generar bienestar, lamentablemente, también lo usamos para causar daño y crear desigualdad social.

La tecnología que nos permite hacer compras en cualquier parte del mundo, es usada por bandas criminales para financiar acciones de vandalismo, compra ilegal de armas y terrorismo.

La misma tecnología que usamos para comunicarnos instantáneamente, es la misma que se utiliza para difamar y suplantar identidades.

La tecnología que nos conecta con cualquier parte del mundo, es utilizada para chantajear, aprovecharse de información privilegiada, cuestionar decisiones de Estado e, incluso, hasta
para sustituir a gobernantes elegidos democráticamente.

La misma tecnología que nos une, nos separa, propiciando la trata de personas, el acoso sexual y daños irreparables a niños, niñas y adolescentes.

Para contrarrestar esa realidad, se requiere una gran alianza público-privada, para que el país disponga de las herramientas para luchar contra estos flagelos.

Tenemos que insertarnos en el gran debate que dominará la humanidad en los años por venir, que es el del equilibrio que debe existir entre la privacidad personal y la seguridad pública.

Debemos perseguir reformas a nuestro sistema normativo, que ayuden a los ciudadanos a protegerse de los peligros que acechan en el ciberespacio.

Cuando compartimos información personal a través del internet, lo hacemos confiados de que en el otro lado hay personas que harán buen uso de esa información, y que entre ellos y nosotros hay una autoridad con un marco normativo que nos protege.

El mundo de los ‘millenials’ es el mundo de la conectividad, donde no puede existir el miedo a lo digital, razón por la cual, el enfoque que debemos perseguir es cómo hacer más seguro el mundo digital que estamos construyendo.

Pero sabemos que no es así de sencillo.

Estos son temas en los que tengo un interés muy personal, porque desde hace años he mantenido un compromiso con la creación de una cultura digital inclusiva en la República Dominicana, que permita el desarrollo de una economía digital y la promoción de ciudadanos digitales para el mundo.

Ya contamos con Centros Tecnológicos Comunitarios en 104 comunidades de todo el país.

Estamos comprometidos con ampliar la oferta de los CTC y llevarla a más comunidades, para continuar formando a nuestros jóvenes y preparándoles para la economía digital.

Lo hacemos, porque la juventud es la banda ancha que nos permite conectarnos al conocimiento que navega a través de las fibras ópticas del progreso.

Yo aspiro a que jóvenes puedan tener éxito en el mundo digital.

Que sean los protagonistas de una nueva ola de innovación, propiciar sus “startups” para que generen empleos e ingresos, que nos abran puertas para empoderar a los dominicanos y las dominicanas.

Amigos y amigas:

¿Recuerdan que les dije que la gran paradoja es que lo que construimos para el bien, también lo usamos para el mal?

El internet para que sea sano, debe navegarse seguro.

¿Saben cuántos delitos se registran al año a nivel mundial, utilizando el internet?

¿Saben cuántos de ellos son delitos contra menores?

Son cientos de miles cada año.

Y son crímenes transfronterizos.

Un dominicano o una dominicana puede ser víctima de los ataques de un nacional de algún país de Europa del Este o de China.

Eso genera una responsabilidad muy importante para los que somos padres, porque tenemos que proteger a nuestros niños.

Es algo que el Gobierno no puede enfrentarlo solo, ni mucho menos el sector privado. Es una tarea conjunta del sector público y sector privado, a la que le invito a sumarse.

Se requiere de nosotros un gran esfuerzo nacional para la promoción de internet sano, alertando a toda la población, especialmente a los más pequeños, de los peligros que existen en el mundo del internet.

Queremos que nuestros niños accedan al internet y exploren el mundo, pero no queremos que sean víctimas de una violación a su intimidad. Esta es una amenaza contra la familia dominicana que requiere de nosotros mecanismos para protegernos.

En la medida en que sumamos más personas a enfrentar estas amenazas, logramos ser más fuertes.

Un centro de pensamiento sobre esta temática, podrá identificar formas de colaboración entre instituciones públicas y privadas, para proteger más a los ciudadanos.

A nivel mundial, se estima que se requieren 330 mil expertos en ciberseguridad.

Es una tarea imprescindible para la defensa de los mejores intereses de la nación.

Amigos y amigas:

Lo que les he compartido hoy son reflexiones, que espero generen en ustedes curiosidad. Son cuestiones que me preocupan y que deben preocuparles a ustedes, porque son amenazas a la paz y a la convivencia pacífica.

Espero que con la misma determinación con la que han llegado hasta aquí, se dediquen a enfrentar esos retos y a convertirse en verdaderos ciudadanos de la cultura digital.

Un ciudadano digital combate las inequidades y cree firmemente en un mundo más inclusivo y capaz de generar bienestar para sus habitantes.

Espero que se dediquen a crear, a producir y a innovar; a ejercer sus derechos con responsabilidad, cumplir sus deberes, emprender, pero sobre todo, a construir un mejor país, para todos.

¡Muchas felicidades! ¡Qué Dios les bendiga!

Margarita Cedeño

Margarita Cedeño

Margarita Cedeño fue la primera mujer del Partido de la Liberación Dominicana que ostentó el cargo de Vicepresidenta de la República Dominicana. Entre sus logros, destaca su aporte y compromiso con las políticas sociales. Lideró el Gabinete de Coordinación de Políticas Sociales de la República Dominicana e impulsó una eficiente estrategia de salida de la pobreza conocida como Progresando con Solidaridad.